Auckland, close out.
Familia, amigos, lectores:
Les escribo este post desde México. Llegué hace dos días y todavía no me acostumbro al cambio de horario así que desperté a las 5 am y no pude volver a dormir. Pensé que una buena forma de aprovechar el tiempo era con una notita que cerrara esta etapa de mi blog.
Auckland fue una experiencia muy importante para mi. En un par de ocasiones antes de salir de México, Kacho me deseó que encontrara en mi viaje lo que fuera que estuviera buscando, y honestamente me desconcertó no saber exactamente cuál era esa motivación que me llevaba tan lejos de casa. No están ustedes para conocer mis traumas, pero les puedo decir que este viaje me sirvió para quitarme muchas dudas que tenía sobre la forma en que he creado mis propias expectativas y planes futuros. En términos simples, este tiempo me sentí otra vez muy orgullosa de mi misma, de mi carácter y mis sueños. Con todos mis defectos y limitaciones, ser quien soy me hace muy feliz. Vivir en México, con lazos tan fuertes que me unen a todos ustedes, me hace muy feliz. Quiero seguir viajando y aprendiendo de gente y culturas diferentes, pero mi vida está en México; es más, después de un silencio electoral, regreso a la campaña, ¡vamos por la presidencia de 2030!
Les comparto estas fotos de Melbourne. Son de una playita que en realidad no tenía mucho chiste que digamos, pero mientras estábamos ahí se empezó a poner el sol y el espectáculo duró poco menos de una hora. Siempre que veo rayos de sol asomándose entre nubes creo que se trata de Dios hablando. En este atardecer las lineas eran muy nítidas sobre la imagen lejana y borrosa de la ciudad y creaban una escena única. Cuando dejamos el lugar le dije a Leslie que ya que la playa no tenía nada de especial, Dios tuvo que meter mano y hacernos un show para que cada instante del viaje fuera inolvidable y el día cerrara bien. Y así fue durante todo este tiempo. Auckland no es más que una ciudad como tantas otras, pero en Dios metió la mano para regalarme unos meses increíbles rodeada de gente maravillosa y momentos inolvidables.
Gracias por leerme (aunque sólo la mitad de ustedes me dejan notitas), los traje conmigo todo el tiempo. Espero que hayan disfrutado las escenas kiwis y aussies y mis laaaargos relatos.
Los quieeeeero!
Janet





Les escribo este post desde México. Llegué hace dos días y todavía no me acostumbro al cambio de horario así que desperté a las 5 am y no pude volver a dormir. Pensé que una buena forma de aprovechar el tiempo era con una notita que cerrara esta etapa de mi blog.
Auckland fue una experiencia muy importante para mi. En un par de ocasiones antes de salir de México, Kacho me deseó que encontrara en mi viaje lo que fuera que estuviera buscando, y honestamente me desconcertó no saber exactamente cuál era esa motivación que me llevaba tan lejos de casa. No están ustedes para conocer mis traumas, pero les puedo decir que este viaje me sirvió para quitarme muchas dudas que tenía sobre la forma en que he creado mis propias expectativas y planes futuros. En términos simples, este tiempo me sentí otra vez muy orgullosa de mi misma, de mi carácter y mis sueños. Con todos mis defectos y limitaciones, ser quien soy me hace muy feliz. Vivir en México, con lazos tan fuertes que me unen a todos ustedes, me hace muy feliz. Quiero seguir viajando y aprendiendo de gente y culturas diferentes, pero mi vida está en México; es más, después de un silencio electoral, regreso a la campaña, ¡vamos por la presidencia de 2030!
Les comparto estas fotos de Melbourne. Son de una playita que en realidad no tenía mucho chiste que digamos, pero mientras estábamos ahí se empezó a poner el sol y el espectáculo duró poco menos de una hora. Siempre que veo rayos de sol asomándose entre nubes creo que se trata de Dios hablando. En este atardecer las lineas eran muy nítidas sobre la imagen lejana y borrosa de la ciudad y creaban una escena única. Cuando dejamos el lugar le dije a Leslie que ya que la playa no tenía nada de especial, Dios tuvo que meter mano y hacernos un show para que cada instante del viaje fuera inolvidable y el día cerrara bien. Y así fue durante todo este tiempo. Auckland no es más que una ciudad como tantas otras, pero en Dios metió la mano para regalarme unos meses increíbles rodeada de gente maravillosa y momentos inolvidables.
Gracias por leerme (aunque sólo la mitad de ustedes me dejan notitas), los traje conmigo todo el tiempo. Espero que hayan disfrutado las escenas kiwis y aussies y mis laaaargos relatos.
Los quieeeeero!
Janet







































































